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Sus orígenes pueden remontarse a mediados del siglo IX o principios del X, cuando se repuebla esta comarca de la vega del río Carrión. Algunos investigadores sitúan al sureste de esta localidad, en el pago conocido como Los Molledos, el antiguo poblado de Revilla, que en el Becerro de las Behetrías figura como “cerca Valcauado”, y desde el siglo XII pertenecía al Monasterio de San Zoilo de Carrión por donación de Alfonso VIII. Por otra parte, en el límite de las parameras que cierran por el oeste el valle del Carrión se observan restos de construcciones que según la tradición pudieran corresponder a otro antiguo poblado. En 1826 Sebastián Miñano cita una población de 26 vecinos ó 119 habitantes. El caserío se dispone en la llanura del valle, en una zona recorrida por varios arroyuelos. El entramado urbano se encuentra partido en dos por la carretera local. Al este, cercana a esta vía, se dispone de una gran plaza muy regular de la que parten sendas calles paralelas, una hacia la iglesia y la otra hacia el río, mientras al oeste, las construcciones se sitúan a ambos lados de la carretera de villota del Páramo. En torno a estas vías principales se organiza el resto de arterias, siempre más cortas, que complementan el trazado urbanístico. En la actualidad, las nuevas construcciones tienden a situarse a ambos lados de la carretera local, convirtiéndola en un nuevo eje urbanístico. Los nuevos usos agrícolas, las recientes remodelaciones y edificaciones han “modernizado” de forma considerable el aspecto de la localidad, eliminando casi completamente los modelos urbanísticos y las viviendas tradicionales construidas en adobe y con corral delantero. ENTORNOS NATURALES Las riberas o acequias de riego, cuyos orígenes se remontarían según algunos autores a la Alta Edad Media, se encuentran regidas por la actual Comunidad de Regantes de las Vegas de Saldaña y Carrión. Por el término municipal de Santa Olaja discurren las riberas de Perihonda y Matazorita, de la que surge en el límite sur del término una tercera conocida como Río Nuevo o de Los Molledos. Todas ellas están reguladas por una serie de ordenanzas y reglamentos que parecen remontarse cuando menos al siglo XVI, como parte de una amplia red de acequias destinadas a la puesta en regadío de esta vega, y que a la vez alimentaban a toda una serie de molinos. A la importancia económica y cultural de estas riberas, hay que añadir su valor ecológico, pues con los nuevos usos agrícolas han desaparecido los antiguos sotos, linderos y arroyos, convirtiéndolas en un auténtico corredor en el que se encuentra refugio una amplia variedad de especies animales y vegetales. Ya las antiguas ordenanzas recogían la necesidad de plantar álamos y sauces en sus orillas, no solo para proteger estas obras sino también para ennoblecerlas. Hoy en buena parte de su recorrido abundan estas especies, además de los chopos, alisos y olmos, que aunque en su mayor parte presentan un porte arbustivo en algunos sectores adquieren mayor tamaño ( sobre todo entorno al molino). Entre estas especies crecen abundantes zarzas, majuelos, rosales silvestres y saúcos, donde viven y se alimentan una gran variedad de animales, como peces ( truchas, gobios, bermejuelas, .....), aves ( cigüeñas, garzas, mirlos, zorzales, ruiseñores, ...), mamíferos (zorros, ratas de agua, gatos monteses,...) etc.
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