Bto. Jacinto Martínez Ayuela   ( 1882-1936 )
Celadilla del Río  ( Palencia )
                      Hijo de Dámaso y Teresa, nació el 3 de julio del año 1882 en Celadilla del Rio, provincia de Palencia y diócesis, entonces, de León. Fue bautizado en la parroquia el Salvador del mismo pueblo, tres días después.
                       Ya desde muy joven, influenciado por la familia, sintió una fuerte atracción por el estado religioso, dedicándose con entusiasmo al estudio de las humanidades y del latín con miras a dicha carrera, sobresaliendo en sus estudios obteniendo siempre las más altas calificaciones.
                       Con la preparación indicada y quince años de edad ingresó en el convento de Valladolid vistiendo el hábito agustino el día 5 de agosto del año 1897. Transcurrido el tiempo de noviciado, profesó de votos temporales el 3 de noviembre de 1898, siendo rector del real Colegio el P. Martín Hernández. Estudiada la filosofía, un trienio después emitió la profesión solemne el 9 de noviembre de 1901. En 1902 pasó luego al monasterio de Santa María de la Vid ( Burgos ) en donde estudió la teología, recibiendo la orden del presbiterado el 13 de agosto del 1913.
                        Los primeros destinos fueron los colegios que la Orden tenía en España. Junto con la enseñanza y la educación de los jóvenes, continuó formándose a sí mismo realizando estudios de Filosofía y Letras, en la universidad, y alcanzando el título de licenciado. En el colegio Cántabro de Santander desempeñó el cargo de director espiritual de los alumnos dejando entre los mismos grandes muestras de aprecio y estima. Pasó también algún tiempo en el colegio de Ceuta, en el que trabajó como profesor y cargo de secretario. En el año 1930 fue nombrado superior del seminario de Uclés ( Cuenca ), siendo muy querido y apreciado por todos cuantos vivieron bajo su dirección. En 1933 fue nombrado comisario de la Viceprovincia del Brasil. En todos los sitios por donde pasó, dejó constancia de su buen hacer cumpliendo las reglas y haciéndolas cumplir. La exigencia la empezaba por él mismo. A pesar de ellos se dejaba querer, reflejando siempre en todas sus actitudes una maravillosa expresión de bondad y armonía. Todos le respetaban y querían.
                        También dedicó algún tiempo a la pluma publicando algunas obras de piedad y diversos escritos sobre las teorías de moralistas, como la del probabilismo y equiprobabilismo, siendo partidario de las defendidas por S. Alfonso María de Ligorio. Editó un bello Vía-Crucis inspirado en los clásicos españoles. Publicó numerosos artículos en revistas agustinianas. Los religiosos de la Orden tenían de él un elevado concepto sobre sus dotes de ciencia, piedad y gobierno.
                       Al estallar la contienda nacional y la persecución religiosa, el Siervo de Dios acababa de llegar a la Patria. Iba a celebrarse en fechas muy próximas, concretamente el 23 de julio, el capítulo provincial en la ciudad de Salamanca. Y para ocupar un poco ese intervalo de tiempo quiso regresar por unos días al siempre recordado y añorado seminario de Uclés. Precisamente aquí le sorprendió la revuelta. No fue detenido el 27, pero sí se vio obligado a abandonar, por indicación de las autoridades locales, el pueblo y en la noche del 27 al 28 en compañía del P. Emiliano López, emprendió el camino de Paredes para dirigirse a Cuenca en tren. Nada más arrancar este medio de locomoción fueron ambos detenidos por los milicianos por considerar incompleta la documentación que llevaban e ingresaron en la prisión de la ciudad de Cuenca. No iban a estar solos. Allí se encontraron con otros dos compañeros del monasterio: Fray Ginés, y el P. José Galende. Un día más tarde se les uniría el P. Nicolás de Mier.
                          En la cárcel dio ejemplo maravilloso de comportamiento cristiano, animando, confesando, rezando y conversando con los detenidos hasta que el día 21 de septiembre fue sacado de la prisión  juntamente con el P. Nicolás de Mier, un dominico de Ocaña y el párroco de Mota del Cuervo y asesinado, por ser sacerdote y religioso. El martirio tuvo lugar junto a las tapias del cementerio de la ciudad. Sus restos están inhumados en dicho camposanto de Cuenca.
                          El domingo 5 de julio del año 2009, el pueblo de Celadilla del Río ha rendido un cariñoso homenaje a este hijo del pueblo con una solemne eucaristía presidida por el Obispo de la Diócesis de Palencia Don José Ignacio Munilla y acompañado por el Provincial de los Agustinos y otros diez religiosos y sacerdotes concelebraron la entronización y bendición de la nueva imagen del Beato P. Jacinto Martínez Ayuela.
                          Acompañaron las autoridades civiles locales y provinciales, todo el pueblo de Celadilla y de otros pueblos cercanos. Después de la procesión del nuevo beato por las calles del pueblo, se ofreció una comida de hermandad a todo el pueblo.

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